La vida cristiana está por encima de todo

Retrato de nuestro querido hermano Svein-Magne Pedersen

Palabra:

Svein-Magne Pedersen

Redactor

Gentileza de:

Andrés I. Haukland

Escritor, fotógrafo y diseñador gráfico que busca inspirar a través del arte

Publicado con la bendición de Dios el :

|

Imagen de Svein-Magne Pedersen predicando con amor la Palabra de Dios a la congregación.

Nosotros, que tenemos la Palabra de Dios y al Espíritu Santo en nuestro interior, deberíamos tener una fe, una esperanza, una vida y una confesión más fuertes que los que aún no creen.

Como creyentes, no debemos pensar ni actuar según las corrientes de este mundo. Apenas oímos hablar de un virus, no debemos poner nuestra confianza de inmediato en las medicinas del mundo ni correr desesperados por una inyección. A veces, las farmacéuticas se enriquecen a costa del temor a la enfermedad, el cual a menudo es alimentado por los medios de comunicación.

A veces perdemos la fe en las promesas de la Biblia y olvidamos que vivimos bajo el Nuevo Pacto, llenos de promesas maravillosas que fluyen del poder del evangelio. Son promesas aún mejores que las del Antiguo Pacto.

«Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se debilitaron, ni de él se retiró su vigor.»

Deuteronomio 34:7

Y esto sucedió bajo el Antiguo Pacto, el cual tenía promesas menos gloriosas que las que disfrutamos hoy. ¿Nos atrevemos a creer en una promesa de salud de la Biblia? «El Señor apartará de ti toda enfermedad.» (Deuteronomio 7:15). Confesemos nuestra fe en cada área de nuestra existencia, viviendo «en el Espíritu» (Romanos 8:9), en una dimensión diferente a la de aquellos que no tienen el Espíritu y la vida y el poder de Dios en su interior. Si Moisés, bajo el Antiguo Pacto, vivió con salud hasta los 120 años, ¿por qué no habríamos de lograrlo nosotros bajo el Nuevo Pacto? Este es «un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas.» (Hebreos 8:6).

La muerte redentora de Jesús en la cruz y su victoriosa resurrección nos abren un camino nuevo hacia el trono de la gracia de Dios, con promesas la verdad que más GRANDES y FUERTES que las del tiempo de la ley. ¡Ahora hemos recibido la herencia de todas las promesas de Dios! (Romanos 8:17). Yo anhelo una vida larga y plena. Sé que puede ser así si lo creo y lo confieso bajo cualquier circunstancia, permaneciendo firmes en «la buena profesión de fe» (1 Timoteo 6:12).

«Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.»

Romanos 8:2

¡Una nueva vida, una nueva confesión, una nueva esperanza y una nueva fe! No estoy en contra de la medicina si esta puede ayudar; de hecho, los buenos tratamientos médicos han sido de gran bendición para muchos, pues la ciencia médica también es parte de la creación de Dios. Sin embargo, un creyente debe acudir primero a Dios con su enfermedad, porque Él mismo se revela diciendo: «Yo soy el Señor, tu sanador.» Él «es» —en tiempo presente— tu médico y el mío en todo momento, ¡las 24 horas del día! ¡Créelo y confiésalo con gozo cada día! La Palabra de Dios y sus promesas son nuestra mejor medicina:

«Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.»

Salmo 107:20

Es posible vivir caminando en buena salud. Vivamos una vida guiada por el Espíritu, en la luz y confesando Su verdad; así, el poder sanador de Dios obrará en nosotros continuamente.

Dios no nos promete una «sanidad a medias», ¡sino una restauración COMPLETA! Porque Jesús mismo declaró: «¡Consumado es!» ¡Confiesa esta victoria todos los días! Su poder puede mantener alejada la enfermedad de tu vida. El pueblo de Israel marchó 13 veces alrededor de Jericó en oración y, cuando levantaron su grito de fe y de victoria, ¡las murallas se derrumbaron por completo!

¿Qué tipo de predicadores necesitamos hoy en día? Predicadores de fe llenos de fuego profético.

Svein-Magne

Nosotros, que tenemos la Palabra de Dios y al Espíritu Santo en nuestro interior, deberíamos tener una fe, una esperanza, una vida y una confesión más fuertes que los que aún no creen.

Como creyentes, no debemos pensar ni actuar según las corrientes de este mundo. Apenas oímos hablar de un virus, no debemos poner nuestra confianza de inmediato en las medicinas del mundo ni correr desesperados por una inyección. A veces, las farmacéuticas se enriquecen a costa del temor a la enfermedad, el cual a menudo es alimentado por los medios de comunicación.

A veces perdemos la fe en las promesas de la Biblia y olvidamos que vivimos bajo el Nuevo Pacto, llenos de promesas maravillosas que fluyen del poder del evangelio. Son promesas aún mejores que las del Antiguo Pacto.

«Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se debilitaron, ni de él se retiró su vigor.»

Deuteronomio 34:7

Y esto sucedió bajo el Antiguo Pacto, el cual tenía promesas menos gloriosas que las que disfrutamos hoy. ¿Nos atrevemos a creer en una promesa de salud de la Biblia? «El Señor apartará de ti toda enfermedad.» (Deuteronomio 7:15). Confesemos nuestra fe en cada área de nuestra existencia, viviendo «en el Espíritu» (Romanos 8:9), en una dimensión diferente a la de aquellos que no tienen el Espíritu y la vida y el poder de Dios en su interior. Si Moisés, bajo el Antiguo Pacto, vivió con salud hasta los 120 años, ¿por qué no habríamos de lograrlo nosotros bajo el Nuevo Pacto? Este es «un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas.» (Hebreos 8:6).

La muerte redentora de Jesús en la cruz y su victoriosa resurrección nos abren un camino nuevo hacia el trono de la gracia de Dios, con promesas la verdad que más GRANDES y FUERTES que las del tiempo de la ley. ¡Ahora hemos recibido la herencia de todas las promesas de Dios! (Romanos 8:17). Yo anhelo una vida larga y plena. Sé que puede ser así si lo creo y lo confieso bajo cualquier circunstancia, permaneciendo firmes en «la buena profesión de fe» (1 Timoteo 6:12).

«Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.»

Romanos 8:2

¡Una nueva vida, una nueva confesión, una nueva esperanza y una nueva fe! No estoy en contra de la medicina si esta puede ayudar; de hecho, los buenos tratamientos médicos han sido de gran bendición para muchos, pues la ciencia médica también es parte de la creación de Dios. Sin embargo, un creyente debe acudir primero a Dios con su enfermedad, porque Él mismo se revela diciendo: «Yo soy el Señor, tu sanador.» Él «es» —en tiempo presente— tu médico y el mío en todo momento, ¡las 24 horas del día! ¡Créelo y confiésalo con gozo cada día! La Palabra de Dios y sus promesas son nuestra mejor medicina:

«Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.»

Salmo 107:20

Es posible vivir caminando en buena salud. Vivamos una vida guiada por el Espíritu, en la luz y confesando Su verdad; así, el poder sanador de Dios obrará en nosotros continuamente.

Dios no nos promete una «sanidad a medias», ¡sino una restauración COMPLETA! Porque Jesús mismo declaró: «¡Consumado es!» ¡Confiesa esta victoria todos los días! Su poder puede mantener alejada la enfermedad de tu vida. El pueblo de Israel marchó 13 veces alrededor de Jericó en oración y, cuando levantaron su grito de fe y de victoria, ¡las murallas se derrumbaron por completo!

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Svein-Magne Pedersen es el editor responsable y fundador del periódico digital Legedom, el cual es un instrumento al servicio de Jesus Heals Ministries.

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DISEÑO WEB: Haukland Grafisk • DERECHOS DE AUTOR © todo el contenido: Jesus Heals Ministries

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