RESERVA UN TIEMPO: Y esto es algo que podemos hacer en cualquier lugar y en cualquier momento. Pero también es hermoso apartar un lugar y un momento donde podamos orar sin interrupciones y con un corazón sincero y entregado. Dios escucha nuestra oración sincera que brota del corazón.
Aquí están los puntos principales del pastor Bryan, junto con mis propias reflexiones:
Haz de la oración una prioridad. No te dejes llevar por tus sentimientos, ¡solo HAZLO! ¡Empieza ahora mismo!
Incluso en el Antiguo Testamento, los sacerdotes debían mantener siempre el fuego sobre el altar:
«El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.»
Levítico 6:13 (6:6)
En el Nuevo Testamento, somos llamados «real sacerdocio» (1 Pedro 2:9). Somos sacerdotes para Dios y debemos vivir en una renovación diaria. Retira las cenizas del carbón quemado para que la llama del Espíritu pueda avivarse nuevamente.
Reserva un tiempo específico para la oración
Cueste lo que cueste: aparta un tiempo para orar, ¡y no permitas que el enemigo te lo impida!
Tener momentos específicos del día dedicados a la oración ayuda a cimentar un hermoso hábito de comunión. Puede ser en cualquier momento del día. Personalmente, suelo levantarme muy temprano por la mañana, pero todos somos diferentes. Aun así, buscar al Señor en oración antes de que las tareas diarias traigan su afán es una sabia decisión. Busca primeramente el reino de Dios, y verás cómo Él aligera tu carga diaria. Muchos hombres de Dios en la Biblia lo hicieron. Daniel tenía tiempos fijos de oración; tres veces al día se arrodillaba y oraba ante su Dios (Daniel 6:10). Pedro y Juan también asistían en las horas de oración, a la «hora de la oración» (Hechos 3:1). Encuentra un lugar de oración donde puedas retirarte para estar a solas con Él. Jesús lo llamó tu «aposento». «Cierra la puerta», nos dijo Jesús (Mateo 6:6). En ese instante, están solo Dios, tú y tu corazón. Ninguna oración es demasiado corta ni demasiado larga para el Señor. Deja fuera toda distracción. No escuches las voces del mundo, sino su VOZ: ¡el susurro de Dios para TI!

Eleva oraciones fuertes, grandes y llenas de fe
Jesús nos alienta a que debemos «orar siempre, y no desmayar» (Lucas 18:1). Como aquella viuda que no se rindió hasta que el juez le hizo justicia (Lucas 18:2–8). ¡Persevera hasta recibir la respuesta! No dejes que el enemigo debilite tu clamor. Ninguna petición es demasiado pequeña ni demasiado grande para Aquel que es Todopoderoso.
«Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.»
Filipenses 4:6
Ten una oración modelo que abarque las áreas vitales de tu existencia
El Padre Nuestro es esa oración modelo en la que Jesús nos enseña a clamar por los aspectos esenciales que cubren tanto las necesidades físicas como espirituales de nuestras vidas. Ha sido considerada por muchos como la oración más hermosa y completa del mundo.
Un testimonio del poder de la oración:
En medio del fragor de la batalla, un soldado cayó herido, expuesto en la línea de fuego del enemigo. Un compañero de su unidad, movido por un profundo amor fraternal, deseaba rescatar a su amigo. Le preguntó a su superior: «Son las diez para las nueve. ¿Puedo arrastrarme hasta él para ponerlo a salvo cuando den las nueve en punto?». El capitán, desconcertado por la precisión del tiempo, le dio permiso, pero preguntó: «¿Por qué exactamente a las nueve?». El valiente soldado respondió con una sonrisa de esperanza: «Es cuando me siento más seguro, porque a las nueve en punto mi madre estará orando por mí». Bajo el silbido de las balas enemigas, avanzó con fe y logró salvar la vida de su compañero de milicia.
La oración tiene un impacto transformador en cada área de nuestra existencia. Hagamos de la oración nuestra prioridad. ¡¡Que el fuego en el altar nunca deba apagarse!!
Aquí están los puntos principales del pastor Bryan, junto con mis propias reflexiones:
Haz de la oración una prioridad. No te dejes llevar por tus sentimientos, ¡solo HAZLO! ¡Empieza ahora mismo!
Incluso en el Antiguo Testamento, los sacerdotes debían mantener siempre el fuego sobre el altar:
«El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.»
Levítico 6:13 (6:6)
En el Nuevo Testamento, somos llamados «real sacerdocio» (1 Pedro 2:9). Somos sacerdotes para Dios y debemos vivir en una renovación diaria. Retira las cenizas del carbón quemado para que la llama del Espíritu pueda avivarse nuevamente.
Reserva un tiempo específico para la oración
Cueste lo que cueste: aparta un tiempo para orar, ¡y no permitas que el enemigo te lo impida!
Tener momentos específicos del día dedicados a la oración ayuda a cimentar un hermoso hábito de comunión. Puede ser en cualquier momento del día. Personalmente, suelo levantarme muy temprano por la mañana, pero todos somos diferentes. Aun así, buscar al Señor en oración antes de que las tareas diarias traigan su afán es una sabia decisión. Busca primeramente el reino de Dios, y verás cómo Él aligera tu carga diaria. Muchos hombres de Dios en la Biblia lo hicieron. Daniel tenía tiempos fijos de oración; tres veces al día se arrodillaba y oraba ante su Dios (Daniel 6:10). Pedro y Juan también asistían en las horas de oración, a la «hora de la oración» (Hechos 3:1). Encuentra un lugar de oración donde puedas retirarte para estar a solas con Él. Jesús lo llamó tu «aposento». «Cierra la puerta», nos dijo Jesús (Mateo 6:6). En ese instante, están solo Dios, tú y tu corazón. Ninguna oración es demasiado corta ni demasiado larga para el Señor. Deja fuera toda distracción. No escuches las voces del mundo, sino su VOZ: ¡el susurro de Dios para TI!

Eleva oraciones fuertes, grandes y llenas de fe
Jesús nos alienta a que debemos «orar siempre, y no desmayar» (Lucas 18:1). Como aquella viuda que no se rindió hasta que el juez le hizo justicia (Lucas 18:2–8). ¡Persevera hasta recibir la respuesta! No dejes que el enemigo debilite tu clamor. Ninguna petición es demasiado pequeña ni demasiado grande para Aquel que es Todopoderoso.
«Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.»
Filipenses 4:6
Ten una oración modelo que abarque las áreas vitales de tu existencia
El Padre Nuestro es esa oración modelo en la que Jesús nos enseña a clamar por los aspectos esenciales que cubren tanto las necesidades físicas como espirituales de nuestras vidas. Ha sido considerada por muchos como la oración más hermosa y completa del mundo.
Un testimonio del poder de la oración:
En medio del fragor de la batalla, un soldado cayó herido, expuesto en la línea de fuego del enemigo. Un compañero de su unidad, movido por un profundo amor fraternal, deseaba rescatar a su amigo. Le preguntó a su superior: «Son las diez para las nueve. ¿Puedo arrastrarme hasta él para ponerlo a salvo cuando den las nueve en punto?». El capitán, desconcertado por la precisión del tiempo, le dio permiso, pero preguntó: «¿Por qué exactamente a las nueve?». El valiente soldado respondió con una sonrisa de esperanza: «Es cuando me siento más seguro, porque a las nueve en punto mi madre estará orando por mí». Bajo el silbido de las balas enemigas, avanzó con fe y logró salvar la vida de su compañero de milicia.
La oración tiene un impacto transformador en cada área de nuestra existencia. Hagamos de la oración nuestra prioridad. ¡¡Que el fuego en el altar nunca deba apagarse!!
Temas de bendición para hoy:

































































































































































































