↑ SANADO: Ahora, el exmarinero Olav ya no necesita dormir con la cabeza elevada.
En Hennes, en la región de Vesterålen, vive el exelectricista de barcos Olav Arntsen (82). Hace unos años, se puso en contacto conmigo y recibió oración de intercesión por una grave dolencia en la columna. ¡Dios lo sanó! Olav trabajó como marinero durante 45 años. Durante la mitad de su vida, sufrió un grave problema estomacal: el reflujo.
En el hospital, los médicos diagnosticaron que se trataba de reflujo. No le ofrecieron la opción de una cirugía, sino únicamente tratamiento médico, el cual no le ayudó en nada. Olav es suscriptor de nuestra revista, Legedom (Sanidad). En ella, he escrito mucho sobre el "Aceite del Milagro" de Israel. En ese momento, quienes lo deseaban podían recibir este aceite consagrado en un pequeño frasco. Olav se comunicó con nosotros y le enviamos un pequeño frasco con el aceite consagrado.
Reflujo constante
Olav sufría mucho a causa del reflujo, ya que el esfínter no se cerraba cuando debía. Al quedarse abierto, el ácido clorhídrico subía por su garganta, causándole llagas y heridas. Tenía que dormir con la cabeza muy elevada para evitar que el ácido subiera. Así describe Olav cómo era vivir con esta afección:
«He padecido de reflujo desde la década de los 80. Esto me causaba ardor, dolor de garganta y opresión en el pecho. Cuando salía al bosque a recoger bayas, a veces el ácido estomacal me subía hasta la boca y terminaba devolviendo. Por las noches, solo podía dormir sobre el lado izquierdo y necesitaba una almohada extra debajo de mi cabeza para evitar que el ácido subiera a mi boca», relata Olav con un suspiro.
Las gotas del milagro
Olav nos comparte el hermoso testimonio de lo que sucedió después: «Recibí la carta con el aceite un día de febrero de este año. Abrí el frasco y me apliqué una gota de aceite sobre el estómago. No sentí nada especial en ese instante, pero al despertar a la mañana siguiente, me llevé una bendita sorpresa: ¡mi estómago se sentía muchísimo mejor! Antes de acostarme esa noche, me apliqué otra gota del aceite de Israel sobre el vientre y fui a descansar. ¡Imagínense! Al despertar al día siguiente, ¡estaba completamente sano del reflujo! El dolor en el estómago y en la garganta había desaparecido por completo», me relató un aliviado Olav por teléfono en el año 2024.
Ahora, ya no necesita dormir con la cabeza elevada por las noches. Se han terminado los ardores y el sufrimiento en el esófago. Hoy puede salir a recoger bayas al bosque con total libertad, sin temor a que el ácido amargue su boca.
Olav le da toda la gloria y gracias a Dios, porque el poder del Espíritu Santo lo liberó de una vida de constante sufrimiento estomacal.
En Hennes, en la región de Vesterålen, vive el exelectricista de barcos Olav Arntsen (82). Hace unos años, se puso en contacto conmigo y recibió oración de intercesión por una grave dolencia en la columna. ¡Dios lo sanó! Olav trabajó como marinero durante 45 años. Durante la mitad de su vida, sufrió un grave problema estomacal: el reflujo.
En el hospital, los médicos diagnosticaron que se trataba de reflujo. No le ofrecieron la opción de una cirugía, sino únicamente tratamiento médico, el cual no le ayudó en nada. Olav es suscriptor de nuestra revista, Legedom (Sanidad). En ella, he escrito mucho sobre el "Aceite del Milagro" de Israel. En ese momento, quienes lo deseaban podían recibir este aceite consagrado en un pequeño frasco. Olav se comunicó con nosotros y le enviamos un pequeño frasco con el aceite consagrado.
Reflujo constante
Olav sufría mucho a causa del reflujo, ya que el esfínter no se cerraba cuando debía. Al quedarse abierto, el ácido clorhídrico subía por su garganta, causándole llagas y heridas. Tenía que dormir con la cabeza muy elevada para evitar que el ácido subiera. Así describe Olav cómo era vivir con esta afección:
«He padecido de reflujo desde la década de los 80. Esto me causaba ardor, dolor de garganta y opresión en el pecho. Cuando salía al bosque a recoger bayas, a veces el ácido estomacal me subía hasta la boca y terminaba devolviendo. Por las noches, solo podía dormir sobre el lado izquierdo y necesitaba una almohada extra debajo de mi cabeza para evitar que el ácido subiera a mi boca», relata Olav con un suspiro.
Las gotas del milagro
Olav nos comparte el hermoso testimonio de lo que sucedió después: «Recibí la carta con el aceite un día de febrero de este año. Abrí el frasco y me apliqué una gota de aceite sobre el estómago. No sentí nada especial en ese instante, pero al despertar a la mañana siguiente, me llevé una bendita sorpresa: ¡mi estómago se sentía muchísimo mejor! Antes de acostarme esa noche, me apliqué otra gota del aceite de Israel sobre el vientre y fui a descansar. ¡Imagínense! Al despertar al día siguiente, ¡estaba completamente sano del reflujo! El dolor en el estómago y en la garganta había desaparecido por completo», me relató un aliviado Olav por teléfono en el año 2024.
Ahora, ya no necesita dormir con la cabeza elevada por las noches. Se han terminado los ardores y el sufrimiento en el esófago. Hoy puede salir a recoger bayas al bosque con total libertad, sin temor a que el ácido amargue su boca.
Olav le da toda la gloria y gracias a Dios, porque el poder del Espíritu Santo lo liberó de una vida de constante sufrimiento estomacal.
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