«La sal es buena», dijo Jesús. ¿Qué quiso decir con eso?
La sal es uno de los minerales más importantes de la tierra. Jesús utiliza la verdad sobre la sal para describir la vida y el andar del cristiano. Se dirigió a sus discípulos y les dijo:
«Vosotros sois la sal de la tierra».
Mt 5:13
La sal es un elemento vital para el sustento de la vida. Sin sal, los alimentos se echan a perder y se vuelven incomestibles. El cuerpo la necesita para poder funcionar. Además, la sal da sabor a la comida. Hay tres aspectos maravillosos en la sal: previene la corrupción, da buen sabor a los alimentos y ayuda a que nuestro organismo funcione correctamente, especialmente al mantener la salud cardiovascular.
En la época de Jesús, la sal se obtenía principalmente del Mar Muerto. Era una sal de gran calidad. Sin embargo, algunos solían mezclarla con otros minerales. Esto hacía que la sal perdiera su fuerza y su pureza, volviéndose inútil. Esto es lo que Jesús tenía en mente cuando dijo:
«Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se la aderezará?»
Lc 14:34
En sentido espiritual, esto significa que cuando la vida cristiana se amolda tanto al mundo y se mezcla con las cosas terrenales, pierde esa función preservadora y fortalecedora de la fe. En los tiempos de Jesús, la sal inútil se arrojaba en los caminos fuera de las casas para que la gente simplemente la pisara. Sobre esta sal insípida, Jesús nos advierte:
«No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres».
Mt 5:13
¿Somos esa sal que detiene la corrupción en nuestra sociedad, o nos hemos vuelto espiritualmente débiles y tibios, perdiendo nuestra influencia en el mundo que nos rodea? Sin esa gracia, no podemos dar fruto y perdemos nuestro propósito. Nos volvemos invisibles ante la necesidad del prójimo y carecemos del poder del Espíritu. Si nos hemos apartado, solo hay un camino lleno de esperanza por delante: reconocer nuestra condición ante Dios con humildad, arrepentirnos de corazón y ser llenos nuevamente de su Santo Espíritu y de su vida. Siempre hay esperanza y restauración para cada uno de nosotros.
«Señor, lléname de tu sal, para que pueda ser una luz y una influencia bendita en el mundo donde vivo, permaneciendo firme en tu gracia».
La palabra cristiano significa «pequeño Cristo».
«La sal es buena», dijo Jesús. ¿Qué quiso decir con eso?
La sal es uno de los minerales más importantes de la tierra. Jesús utiliza la verdad sobre la sal para describir la vida y el andar del cristiano. Se dirigió a sus discípulos y les dijo:
«Vosotros sois la sal de la tierra».
Mt 5:13
La sal es un elemento vital para el sustento de la vida. Sin sal, los alimentos se echan a perder y se vuelven incomestibles. El cuerpo la necesita para poder funcionar. Además, la sal da sabor a la comida. Hay tres aspectos maravillosos en la sal: previene la corrupción, da buen sabor a los alimentos y ayuda a que nuestro organismo funcione correctamente, especialmente al mantener la salud cardiovascular.
En la época de Jesús, la sal se obtenía principalmente del Mar Muerto. Era una sal de gran calidad. Sin embargo, algunos solían mezclarla con otros minerales. Esto hacía que la sal perdiera su fuerza y su pureza, volviéndose inútil. Esto es lo que Jesús tenía en mente cuando dijo:
«Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se la aderezará?»
Lc 14:34
En sentido espiritual, esto significa que cuando la vida cristiana se amolda tanto al mundo y se mezcla con las cosas terrenales, pierde esa función preservadora y fortalecedora de la fe. En los tiempos de Jesús, la sal inútil se arrojaba en los caminos fuera de las casas para que la gente simplemente la pisara. Sobre esta sal insípida, Jesús nos advierte:
«No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres».
Mt 5:13
¿Somos esa sal que detiene la corrupción en nuestra sociedad, o nos hemos vuelto espiritualmente débiles y tibios, perdiendo nuestra influencia en el mundo que nos rodea? Sin esa gracia, no podemos dar fruto y perdemos nuestro propósito. Nos volvemos invisibles ante la necesidad del prójimo y carecemos del poder del Espíritu. Si nos hemos apartado, solo hay un camino lleno de esperanza por delante: reconocer nuestra condición ante Dios con humildad, arrepentirnos de corazón y ser llenos nuevamente de su Santo Espíritu y de su vida. Siempre hay esperanza y restauración para cada uno de nosotros.
«Señor, lléname de tu sal, para que pueda ser una luz y una influencia bendita en el mundo donde vivo, permaneciendo firme en tu gracia».
La palabra cristiano significa «pequeño Cristo».
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