Cuando leemos los periódicos y vemos las noticias, nos asaltan pensamientos de temor: ¡Qué mundo tan cruel en el que vivimos! ¿Cómo terminará todo esto?
Pero las zonas de combate no están solo donde explotan las bombas, donde la gente resulta herida o muerta y los edificios son destruidos. Existe otra zona de conflicto que es aún más profunda: el apóstol Pablo nos escribe sobre otra batalla, la guerra que se libra en nuestro propio interior:
«Pues aunque vivimos en el mundo, no militamos según los criterios humanos.»
2 Corintios 10:3
Nos referimos aquí a una batalla de pensamientos e ideas que se libra en nuestro campo de batalla interior. El enemigo de nuestras almas nos tienta y busca que neguemos las verdades de la Biblia. Quiere desviarnos y seducirnos para que perdamos el ánimo y tomemos decisiones equivocadas.
Satanás está detrás de la guerra y la agitación, pero antes de cada conflicto han existido pensamientos y conclusiones basadas en fundamentos falsos. Las guerras comienzan en las fortalezas mentales que el enemigo ha edificado y que los hombres deciden seguir. Para vencer estas fortalezas mentales, primero debemos exponerlas como falsas, permitiendo que la Palabra de Cristo sea la que determine la verdad de estos pensamientos e ideas. Pablo nos ofrece la hermosa solución al corazón del conflicto:
«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, destruyendo argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.»
2 Corintios 10:4–5
Debemos capturar y arrestar esos pensamientos antes de que ellos nos capturen a nosotros. Y nuestra guía es la Palabra de Cristo. Expongamos la mentira, la injusticia y la falsedad preguntándonos: ¿Qué haría Jesús? ¿Qué solución tiene Cristo para este conflicto? ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
El problema principal del mundo es el pecado: el orgullo, la maldad, la vanagloria, el egoísmo y el deseo de poder. La guerra exterior comienza primero en el interior. Por eso, necesitamos orar para que el Espíritu de Dios disipe la maldad del enemigo en el corazón de los líderes mundiales, trayendo paz a los pensamientos de quienes promueven los conflictos, tanto en el ámbito local como internacional. ¡La oración ferviente y constante tiene más poder para sanar al mundo que las amenazas de guerra! A esto lo llamamos guerra espiritual: el Espíritu de Dios obrando contra las huestes del mal.
Cuando leemos los periódicos y vemos las noticias, nos asaltan pensamientos de temor: ¡Qué mundo tan cruel en el que vivimos! ¿Cómo terminará todo esto?
Pero las zonas de combate no están solo donde explotan las bombas, donde la gente resulta herida o muerta y los edificios son destruidos. Existe otra zona de conflicto que es aún más profunda: el apóstol Pablo nos escribe sobre otra batalla, la guerra que se libra en nuestro propio interior:
«Pues aunque vivimos en el mundo, no militamos según los criterios humanos.»
2 Corintios 10:3
Nos referimos aquí a una batalla de pensamientos e ideas que se libra en nuestro campo de batalla interior. El enemigo de nuestras almas nos tienta y busca que neguemos las verdades de la Biblia. Quiere desviarnos y seducirnos para que perdamos el ánimo y tomemos decisiones equivocadas.
Satanás está detrás de la guerra y la agitación, pero antes de cada conflicto han existido pensamientos y conclusiones basadas en fundamentos falsos. Las guerras comienzan en las fortalezas mentales que el enemigo ha edificado y que los hombres deciden seguir. Para vencer estas fortalezas mentales, primero debemos exponerlas como falsas, permitiendo que la Palabra de Cristo sea la que determine la verdad de estos pensamientos e ideas. Pablo nos ofrece la hermosa solución al corazón del conflicto:
«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, destruyendo argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.»
2 Corintios 10:4–5
Debemos capturar y arrestar esos pensamientos antes de que ellos nos capturen a nosotros. Y nuestra guía es la Palabra de Cristo. Expongamos la mentira, la injusticia y la falsedad preguntándonos: ¿Qué haría Jesús? ¿Qué solución tiene Cristo para este conflicto? ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
El problema principal del mundo es el pecado: el orgullo, la maldad, la vanagloria, el egoísmo y el deseo de poder. La guerra exterior comienza primero en el interior. Por eso, necesitamos orar para que el Espíritu de Dios disipe la maldad del enemigo en el corazón de los líderes mundiales, trayendo paz a los pensamientos de quienes promueven los conflictos, tanto en el ámbito local como internacional. ¡La oración ferviente y constante tiene más poder para sanar al mundo que las amenazas de guerra! A esto lo llamamos guerra espiritual: el Espíritu de Dios obrando contra las huestes del mal.

































































































































































































