En pocas palabras: la segunda venida de Jesús consta de dos fases:
El arrebatamiento de la iglesia de Dios.
La venida visible de Jesús al Monte de los Olivos (Zac 14:4).
En el arrebatamiento de su iglesia, Él viene POR su pueblo («los muertos en Cristo» y «nosotros los que vivimos» en ese tiempo (1 Tes 4:16–17). Será un arrebatamiento «en las nubes para recibir al Señor en el aire» (1 Tes 4:17). Aquí se utiliza la palabra griega para «aire», es decir, un lugar en la atmósfera sobre la tierra. Por lo tanto, es una venida INVISIBLE para llevarse a su amada esposa. Jesús lo expresa de esta manera:
«Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Jn 14:3
Mientras la gran tribulación acontece sobre la tierra, nosotros estaremos seguros en el cielo, donde seremos recompensados ante el tribunal de Cristo, según las obras que hayamos hecho (2 Cor 5:10; 1 Cor 3). Después se celebrarán las bodas del Cordero, la hermosa fiesta de la esposa (la iglesia) con su esposo (Jesús) (Ap 19:7–9).
La siguiente fase: En su venida VISIBLE, todo ojo en la tierra «verá al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria» (Mt 24:30). En ese momento, Él viene CON su pueblo santo:
«Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.»
Ap 19:14
Entonces «se afirmarán sus pies en aquel día sobre el Monte de los Olivos» (Zac 14:4). Todas las naciones se reunirán ante su trono en Jerusalén, el cual es llamado el «trono de su gloria» (Mt 25:31). Quienes rechazaron la salvación serán apartados (Mt 25:41), mientras que los redimidos entrarán a un reino de gloria y paz conocido como el «Milenio» (Ap 20:4).
Después de mil años de paz en la tierra, con Jesús reinando con justicia, llegará el fin de los tiempos, donde la tierra y todo lo creado serán transformados por el fuego, dando paso a un cielo nuevo y una tierra nueva (2 Ped 3:10; Ap 20:11). Como creyentes, tenemos una maravillosa esperanza por delante. Dios guía al mundo con amor y seguridad hacia su destino eterno: una eternidad en la gloria celestial, un nuevo Paraíso. «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.» (1 Tes 4:18).
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