La Biblia nos habla de un tiempo de tribulación de 7 años que Dios traerá sobre toda la tierra. En este período, Dios manifestará su ira sobre el pecado y la impiedad. Él restaurará la tierra y juzgará a la humanidad por sus rebeliones, no permitiendo más que su creación sea un centro de operaciones para las fuerzas de las tinieblas.
Algunos creen que pasaremos por una parte de este período de tribulación de 7 años (Dan 9:27; 12:1). Otros consideran que atravesaremos la totalidad de este tiempo.
Librados de la ira
Encuentro que la Palabra de Dios es muy clara y reconfortante en este aspecto. Al describir los tiempos finales, Jesús nos anima diciendo que podremos «escapar de todas estas cosas que han de venir» (Lc 21:36). Él es quien nos «libra de la ira venidera» (1 Tes 1:10) y por medio de Él «seremos salvos de la ira» (Rom 5:9). A la iglesia de Filadelfia, el Señor le promete con amor:
«Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.»
Ap 3:10
En Juan 14:1–3, Jesús nos consuela describiendo la primera etapa de su retorno: el momento en que viene a buscar a su amada esposa: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.» Después de esto, comenzarán los 7 años de tribulación. Qué hermoso saber que, por su gracia, estamos libres de esa ira divina:
«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.»
Rom 8:1
En los capítulos 1 al 3 de Apocalipsis, la palabra «iglesia» aparece 19 veces; sin embargo, desde el capítulo 4 hasta el 19, no se menciona ni una sola vez. ¿Por qué ocurre esto? Porque la Iglesia, la esposa de Cristo, ya se encuentra en los cielos celebrando las bodas con su amado Salvador (Ap 19:7–8). El arrebatamiento de la iglesia del Señor tiene lugar entre el capítulo 3 y el capítulo 4 de Apocalipsis.
Arrebatados con poder
Así nos describe el apóstol Pablo este esperanzador acontecimiento:
«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.»
1 Tes 4:16–18
Todo lo que acontece desde el capítulo 4 al 19 ocurre después de que hayamos sido trasladados a nuestra morada celestial. Por tanto, nuestra bendita esperanza no es esperar al Anticristo, sino aguardar con gozo a nuestro Salvador:
«y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.»
1 Tes 1:10
La fe, las oraciones y la vida santa de los creyentes actúan hoy como un freno espiritual que detiene la manifestación del Anticristo:
«Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo…»
2 Tes 2:7–8
Nosotros no veremos al Anticristo, sino que seremos «quitados de en medio», arrebatados antes de su aparición. Somos el freno espiritual que impide su revelación completa. Pero inmediatamente después de nuestra partida, él saldrá a la luz con su propaganda engañosa. Es por eso que Pablo nos exhorta:
«Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.»
1 Tes 4:18
¿Qué esposo amoroso derramaría su ira (en forma de siete sellos, siete trompetas y siete copas de juicio) sobre su futura esposa? Podemos leer sobre esto en Apocalipsis 6–18. Estos 7 años de tribulación representan el justo juicio que Dios traerá sobre la tierra a causa de la rebeldía del hombre y el daño que el enemigo ha causado a su creación. Dios no permitirá que la tierra sea para siempre un territorio dominado por el maligno. ¡Su justicia prevalecerá! Dios retomará el control absoluto de la tierra y desmantelará el imperio de las tinieblas a través de juicios sucesivos, cada uno manifestando su gran poder (cf. Is 13:9; 26:11; 24:19–20). Aun así, en su infinita misericordia, Dios continuará ofreciendo salvación a las almas durante este tiempo (Ap 7:14; 12:11; 13:7,10; 15:2-4; 16:15; 18:4).
Tribulación y avivamiento
Durante este período presenciaremos un avivamiento global glorioso gracias al testimonio de 144,000 evangelistas judíos, dos testigos consagrados y un ángel proclamando el evangelio eterno desde los cielos (Ap 7:4,9,14; 11:7; 14:6–7). ¡Todo el mundo escuchará la buena nueva! (Mt 24:14). También será un tiempo donde Dios juzgará a las naciones por sus pecados y por perseguir a su pueblo escogido (Dt 30:7; Is 24:3–7). En medio de estas pruebas, Dios llevará a Israel a reconocer a Jesús como su verdadero Mesías (Dt 4:30). Las Escrituras describen este momento como «tiempo de angustia para Jacob», un proceso de restauración especial para ellos, no para la Iglesia (Jer 30:7).
Cuando el pueblo de Israel se vuelva de corazón y reciba a Jesús como su Salvador y Mesías, ocurrirá el glorioso retorno de Cristo (Mt 23:39), y sus pies se posarán sobre el Monte de los Olivos (Zac 14:4). Esto marcará el final de los 7 años de tribulación.
La primera mitad de 3.5 años se conoce como la «tribulación», mientras que los últimos 3.5 años se describen como la «gran tribulación» (Mt 24:9; Ap 7:14; ver también Dan 12:1; Mt 24:21). Este período completo de 7 años es llamado también «el día del Señor» (Joel 1:15; 2:1; 3:4). Al concluir estos años, Jesús regresará de forma visible a la tierra, «como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente», viniendo «con poder y gran gloria» (Mt 24:27,30). Jesús gobernará con justicia sobre las naciones desde su trono en Jerusalén, el «trono de su gloria» (Mt 25:31).
El glorioso retorno visible de Jesús
La esposa (cada uno de nosotros, salvados por su amor) regresará junto con Jesús desde los cielos, montando caballos blancos (Ap 19:11-16). ¡El Esposo y la esposa estarán unidos por siempre! Aquellos que rechazaron su gracia constante sufrirán la separación eterna (Mt 25:31-46). El Anticristo y el falso profeta recibirán su retribución siendo lanzados al «lago de fuego» (Ap 19:20).
Entonces dará comienzo el glorioso reino milenial en la tierra, donde reinaremos junto a Él en un período de paz y justicia sin igual (Ap 20:4-5). Al término de los mil años, sucederá el fin de este tiempo y el «juicio final» ante el «gran trono blanco». Allí se abrirán los libros de la humanidad (salvo para los creyentes, quienes ya habrán recibido sus coronas). «Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.» (Ap 20:15). Los cielos y la tierra actuales pasarán y Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva llenos de su presencia (2 Pe 3:10; Ap 21:1).
Por toda la eternidad habitaremos en la Nueva Jerusalén, la hermosa ciudad celestial de oro puro. ¡Lee con fe Apocalipsis 20–22 y llena tu corazón de gozo! Mientras aguardamos ese momento, permanezcamos firmes, «esperando de los cielos a su Hijo... quien nos libra de la ira venidera» (1 Tes 1:10).
Si deseas bendecir aún más tu vida espiritual, te comparto este hermoso consejo de las Escrituras al estudiar los tiempos del fin:
«¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.»
Ap 22:7; ver también Ap 1:3
Temas de bendición para hoy:










