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«La luz del mundo» en «tiempos difíciles»
Pablo describe los últimos tiempos como «tiempos difíciles» (2 Tim 3:1). Es importante tener esto presente. Es fundamental que no nos rindamos, sino que nos atrevamos a defender la verdad. Estamos llamados a ser la «sal de la tierra» y la «luz del mundo», como Jesús llama a los creyentes (Mat 5:13–15). Él enseñó a sus discípulos que la luz, la verdad y la vida no deben esconderse debajo de un cajón, sino ponerse en el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa.
Jesús compara al creyente con una ciudad asentada sobre un monte:
«Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder».
Mat 5:14
Desde 1982 hasta 1988, mi familia y yo vivimos en la provincia de Manitoba, en Canadá. Durante cinco de aquellos años, residimos en el pueblo minero de Flin Flon. En aquel entonces vivían allí unas 9000 personas. Todo el pueblo estaba edificado sobre una gran elevación, una especie de montaña. Mucho antes de llegar al pueblo, ya se podía ver a kilómetros de distancia. Las palabras de Jesús me recuerdan con mucha fuerza a la ciudad de Flin Flon.
No debemos escondernos ni tener miedo de ser vistos por los demás. Somos la imagen de Dios en la tierra. ¿Saben las personas que nos rodean que somos salvos? Dios desea que la luz que habita en nosotros brille de manera más clara cada día. Nuestro hermoso llamado es reflejar Su luz divina.
La Biblia nos dice:
«Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz».
Sal 36:9
Mantener una comunión constante con Él renueva y aumenta la fuerza de nuestra luz.
