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La imposición de manos: un acto sagrado
La imposición de manos es un acto sagrado, instituido por el mismísimo Jesús. En la Gran Comisión, Jesús nos dice:
«Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán».
Marcos 16:18
Esto significa dos cosas: representa un hermoso acto de fe y, al mismo tiempo, puede canalizar una unción de Dios a través de quien intercede, trayendo un efecto sanador.
En una ocasión, conocí a una mujer que me contó que tenía una antigua Biblia noruega del año 1690, escrita con letras góticas. Con mucha amabilidad me la mostró. Yo sentía una gran curiosidad por leer Marcos 16:18 en esa versión, y allí decía:
«Sobre los enfermos pondrán sus manos, y se irán recuperando poco a poco».
Esta es una enseñanza muy valiosa. La palabra griega original para sanidad en este pasaje puede implicar un proceso en el tiempo, desde el momento de la imposición de manos hasta la restauración completa. Es una lección de fe preciosa: Dios no siempre actúa de forma inmediata, como si presionáramos un botón. A veces, nuestra fe debe esperar con paciencia la respuesta. Pero la promesa es firme: el alivio llegará, paso a paso.
La imposición de manos es un acto sagrado, instituido por Jesús y confiado en su Gran Comisión. Es una práctica que deberíamos abrazar con mayor frecuencia para enriquecer el cuidado espiritual y el bienestar en nuestras congregaciones.
