Tesoro de Sabiduría

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Jesús enseñó: Tengamos una fe como la de un niño

Jesús nos enseñó: Tened una fe como la de un niño. Cuanto más sencilla es la fe en los milagros de Dios, más fácil es para Él sanar, sin obstáculo alguno. Los niños no han aprendido a dudar como los adultos. Ellos reciben en fe lo que se les dice y confían plenamente en ello. No se han dejado influir por los "ismos" de este mundo: el ateísmo, el racionalismo, el particularismo, el materialismo, el formalismo y la teología liberal. Estos ismos son enemigos de la fe; son el veneno para la fe en el mundo occidental. Es lamentable que estas corrientes hayan debilitado la fidelidad a la Biblia en muchos colegios teológicos de Occidente. En cambio, cuando viajamos a Asia y África, encontramos un clima espiritual completamente diferente. Allí, la fe es parte misma de la vida diaria; la necesidad les ha enseñado a buscar a Dios con una fe ferviente y desesperada.

Jesús describe la fe verdadera y viva de esta manera:

«De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Marcos 10:15

¿Será esa la razón por la que a veces no vemos la respuesta a nuestras oraciones? ¿Quizás nos hace falta esa fe sencilla, sincera y pura de un niño, lo que llamamos la fe del corazón? Una fe que se puede describir así: lee la Palabra tal como está escrita, emparate de ella y ponla en práctica. Tal vez no estemos debidamente conectados con el Señor. A veces, nuestra vasija de fe está agrietada y no puede retener el agua; la llenamos de tradiciones humanas y de nuestras propias experiencias personales. A este conjunto de cosas terminamos por llamarlo "fe". Por eso, muchos se encuentran espiritualmente vacíos. La pregunta clave es: ¿Es nuestra fe viva y activa, o es solo teórica, fría y sin esperanza?

Lo más triste ocurre cuando intentamos edificar una teología basados en nuestras oraciones no contestadas, llegando a la conclusión: "Tal vez Dios no quiere sanar, porque no pasó nada cuando oré". En su lugar, deberíamos hacer como Pedro cuando todos los discípulos fallaron al intentar liberar a un muchacho de un espíritu de enfermedad. Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:

«¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?»

Mateo 17:19

Y esta fue la maravillosa respuesta de Jesús:

«Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible».

Mateo 17:20

Jesús nos enseña que la fe no necesita ser gigante, basta con que sea viva y esté llena de expectación en Dios. A veces, para consolar, se nos dice: "No hay nada malo con tu fe". Pero, ¿cómo podemos estar tan seguros? Sabemos que hay quienes se juzgan a sí mismos con dureza; su fe es sincera, pero la respuesta de Dios aún no ha llegado. Esas personas necesitan nuestro amor, consuelo y aliento.

La evaluación que Jesús hizo de la fe de sus discípulos fue clara. La respuesta no llegó debido a la falta de una fe viva y verdadera. Jesús le respondió a Pedro que fue «por vuestra poca fe». ¡Qué bendición que Pedro se haya atrevido a preguntar sin temor! 

Por eso, que cada uno examine su propio corazón. ¿Oramos creyendo con el corazón o solo con la mente? ¿Es nuestra oración un simple rezo teórico y tradicional sin esperar un milagro? ¿O estamos confiando en nuestra propia fe, estando desconectados del Salvador?

Como nos dice el apóstol Pablo:

«Porque con el corazón se cree para justicia...»

Romanos 10:10

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DISEÑO WEB: Haukland Grafisk • DERECHOS DE AUTOR © todo el contenido: Jesus Heals Ministries

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