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El milagro tiene dos piernas sobre las cuales sostenerse
La gran mayoría de los milagros en la Biblia involucran a dos partes: a nosotros y a Dios. Dios desea que demos el primer paso; esto es lo que llamamos una fe viva. Él actúa cuando nosotros hacemos nuestra parte.
En una ocasión, Jesús sorprendió a sus discípulos caminando sobre el mar. Pedro le preguntó a Jesús si podía ir hacia Él, y Jesús le dijo:
«¡Ven! Y Pedro, descendiendo de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.»
Mateo 14:29
Aquí vemos claramente las dos partes del milagro: Jesús, que nos da la promesa del milagro, y Pedro, que actúa con fe en esa promesa; y entonces, el milagro ocurre. Los milagros no suceden por azar. Son el fruto de una fe valiente que se atreve a confiar en las promesas de Dios, sin necesidad de ver, sentir o tocar primero.
Para aquel que cree, basta una sola palabra de Jesús: «¡Ven!»
El centurión, que tenía a su siervo enfermo en casa, le dijo a Jesús:
«...pero solamente di la palabra, y mi criado sanará.»
Mateo 8:8
Jesús elogió su fe llamándola «grande» (Mateo 8:10).
«Y su criado quedó sano en aquella misma hora.»
Mateo 8:13
Una sola palabra del Señor es suficiente para que acontezca un milagro.
Pero recuerde, un milagro se sostiene sobre dos columnas: la promesa de Dios y nuestra acción de fe.
