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Destronemos los ídolos
Juan nos dice:
«Hijos míos, guardaos de los ídolos».
1 Juan 5:21
Un ídolo puede ser cualquier cosa que ocupe el primer lugar en nuestras vidas. El primer lugar le pertenece solo a Dios y a nadie más. Qué bueno es, de vez en cuando, hacer una limpieza en nuestro interior y desprendernos de aquello que ha estado robándonos tiempo y espacio en el corazón.
Necesitamos centrar nuestra vida en Cristo, mucho más que en las cosas materiales o en las personas. El afán de poseer y la devoción excesiva hacia los hombres son formas muy comunes de idolatría en este tiempo. El amor al dinero, las posesiones y el deseo de poder atan a muchos corazones. Es saludable y renovador preguntarnos hoy con el corazón abierto: ¿A qué dedico la mayor parte de mi tiempo y mis recursos? ¿Cuál es mi mayor anhelo en esta vida? Las respuestas sinceras nos revelarán mucho sobre nosotros mismos. No permitas que el enemigo traiga condenación a tu vida; en cambio, vuélvete al Señor con gozo y declara a Jesús como el único Rey de todo tu ser, entregándole cada pequeño o gran ídolo que haya intentado tomar Su lugar.
Te animo a quitar todo aquello que interfiera en tu comunión con Dios. Despeja tu mente de las distracciones que te apartan de Jesús y de la hermosa promesa del Evangelio. Al hacerlo, experimentarás cómo se rompen todas las cadenas que te atan. ¡Eres verdaderamente libre en Su amor!
