
La rendición de amor a Dios
Si hoy deseas arrepentirte de tus pecados y entregarle el control de tu vida a Dios, puedes hacer esta oración:
«Señor Jesús, deseo ser salvo y conocerte de manera personal. Gracias porque moriste por mis pecados, resucitaste de entre los muertos y hoy vives. Yo no puedo salvarme a mí mismo. Por eso, en este momento abro mi corazón y te pido que entres en él para ser mi Salvador personal y Señor. Deseo apartarme de mi pecado. Toma el control de mi vida y perdona todas mis ofensas. Deseo entregarte mi vida por entero, y con tu ayuda divina, viviré el resto de mis días para ti. Amén»
Puedes estar seguro
¡Felicitaciones! Si hiciste esta oración con sinceridad, te has convertido en un hijo de Dios. Según las propias palabras de Jesús, Él ha entrado en tu vida en el mismo instante en que abriste la puerta de tu corazón y le pediste que entrara. Jesús dijo: «...entraré a él». Jesús te tomó la palabra y entró. Puedes tener la total seguridad de que eres salvo porque la Palabra de Dios lo dice:
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios».
Juan 1:12
Ya no necesitas vivir con la duda de si esperas ser salvo. Yo no espero estar casado, sino que lo sé con certeza, porque di los pasos necesarios para unirme en matrimonio. Después de la ceremonia, el pastor que nos casó no nos preguntó si nos sentíamos casados. Éramos legalmente esposos, independientemente de nuestros sentimientos. Tú ya has hecho lo que era necesario para ser salvo y, por lo tanto, lo eres, sin importar lo que sientas. Tu «acta de matrimonio» es, de manera única, la sola Palabra de Dios.