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El milagro de hoy
Treinta años caminando con fe bajo el peso de un latigazo cervical
Hace 30 años fui embestido por detrás en un coche y sufrí un esguince cervical. Las radiografías confirmaron la lesión. Durante todos estos años, padecí dolores de cabeza a diario. Si hacía algún esfuerzo con los brazos, al día siguiente el dolor era tan intenso que debía permanecer en cama uno o dos días. Solo el quiropráctico lograba darme algún alivio temporal. A causa de esto, solía faltar por enfermedad al trabajo y, en ocasiones, tenían que enviarme a casa en ambulancia. En el año 2007, decidí llamar a la Iglesia Telefónica un miércoles por la noche. Allí oraron por mí. Esa misma noche sentí que algo maravilloso sucedía en mi cuerpo. Llamé a la Iglesia Telefónica en tres ocasiones. Desde ese momento, ¡gloria a Dios!, no he vuelto a sentir ninguna molestia del esguince cervical. Ahora puedo usar mis brazos con total libertad y sin ningún dolor. ¡Esto es una bendición verdaderamente maravillosa!

