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8 de septiembre
Jesús sana al hijo de un noble que estaba al borde de la muerte:
Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un oficial del rey, que tenía a su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando este oyó que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a él y le rogó que bajara y sanara a su hijo, pues estaba a punto de morir. Jesús entonces le dijo: Si no ven señales y prodigios, no creerán. El oficial del rey le dijo: Señor, ven abajo antes de que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho, y se puso en camino. Y mientras él bajaba, sus siervos salieron a su encuentro y le trajeron buenas noticias, diciendo: ¡Tu hijo vive! Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a mejorar. Y le dijeron: Ayer a la hora séptima se le quitó la fiebre. El padre comprendió entonces que aquella era la misma hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive. Y creyó él con toda su casa.
Juan 4:49–53
Testimonio de fe
Arteria carótida
Le llamé para pedir oración por la arteria carótida obstruida de mi esposo. Usted oró por él por teléfono. Cuando fue al hospital para una nueva revisión, ¡la arteria carótida se había abierto!
La herida no sanaba
La tía de mi esposo se cayó y se golpeó la pierna hace medio año, y le quedó una herida en la pantorrilla que no quería sanar. Fue al médico varias veces, y él le curó la herida en repetidas ocasiones. Pero las pomadas y los medicamentos no ayudaron. La herida no sanaba. Hace tres semanas le llamé para pedir oración por su herida. ¡Después de cuatro días, la herida estaba completamente sana!
