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29 de septiembre
A través de milagros y prodigios, el Padre es glorificado en el Hijo, cuando oramos en el nombre de Jesús:
Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, ¡yo lo haré!
Juan 14:13–14 (Ver también Juan 16:23–24.)
Testimonio de fe
Dilatación en la aorta del corazón
En septiembre de 2012, los médicos del hospital de Bodø descubrieron que mi arteria aorta presentaba una gran dilatación. Sentía un fuerte dolor en el pecho, como si algo estuviera a punto de estallar en mi interior. La dilatación se podía ver claramente en la ecografía del hospital. Además, mi corazón estaba agrandado. Un médico me dijo que solo me quedaban unos días o, a lo sumo, unos meses de vida. Poco después, me puse en contacto contigo y oraste por mí por teléfono. Un mes más tarde, en octubre del año pasado, regresé al hospital para un nuevo control de ecografía. ¡Alabado sea Dios, la dilatación había desaparecido! El médico examinó las imágenes de radiografía varias veces, asombrado de que algo así pudiera suceder. «Se le ve mucho mejor ahora», me dijo. El 13 de febrero de 2013, asistí a un nuevo control ecográfico. Todo seguía perfecto en mi corazón, el cual ya había recuperado su tamaño normal. Uno de los médicos del hospital me preguntó si había estado en contacto con alguien. Le compartí que me había comunicado contigo, y el médico supo de inmediato quién eras.
Oído sano a través de Visjon Norge
Durante el año 2012, la audición en mi oído izquierdo fue empeorando cada vez más. Notaba que tenía que subir el volumen del televisor continuamente; antes solía escucharlo en el nivel uno, pero con el tiempo tuve que subirlo al seis o siete. A menudo me sentía incómodo al estar con otras personas, ya que tenía que preguntar una y otra vez: «¿Qué dijiste?». Mi médico me comentó que la causa de mi pérdida auditiva en el oído izquierdo era el cerumen. Limpió el oído, pero la audición seguía igual de mal. Un par de semanas después, te vi en el canal Visjon Norge. Era el viernes 9 de noviembre de 2012. Cuando oraste por los enfermos, coloqué mi mano sobre la tuya en la pantalla, pero no sentí nada en ese instante. Sin embargo, unos ocho o diez días después, empecé a escuchar perfectamente. Ya no necesitaba poner la televisión en el volumen siete, la bajé al uno y podía oír todo con total claridad. Ahora escucho las conversaciones de mis amigos sin necesidad de pedirles que me repitan lo que dicen.
