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26 de diciembre
A través de la fe, podemos aferrarnos a la sanidad, incluso antes de que se manifieste en nuestros cuerpos físicos:
Y esta es la confianza bien dispuesta que tenemos en él: que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
1 Juan 5:14–15
Testimonio de fe
Se evitó la cirugía de espalda
Estaba pescando cuando me lesioné la espalda. Un giro desafortunado mientras levantaba una caja de pescado me causó una lesión. Escuché un crujido en la espalda y sentí un dolor intenso que bajaba desde la columna hacia la cadera y la pierna izquierda. No podía caminar y tuve que tomar entre siete y ocho analgésicos fuertes al día. Estuve así durante cuatro o cinco meses. Un amigo me dio su número de teléfono, así que lo llamé para recibir oración. Al día siguiente, con gran alegría, descubrí que podía ponerme de pie y orinar sin dolor, algo que no había podido hacer desde que me lesioné.
Mareos de día y de noche
Tal vez el estrés fue la causa de mis mareos, los cuales padecí durante un año entero. Comenzaron justo después de que mi esposo falleció. Antes de su partida, lo cuidé día y noche con mucho amor; estaba sumamente cansada y sentía que mi cuerpo ya no podía más. Tras su fallecimiento, aparecieron los mareos, que me atormentaban desde que me levantaba por la mañana hasta que me acostaba por la noche. No me atrevía a conducir y vivía con el temor constante de caer. Hace tres semanas llamé para pedir oración por mi salud y, gracias al Señor, me recuperé al instante y he estado bien desde entonces. ¡No se imagina lo agradecida y feliz que estoy por este milagro en mi vida!
