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24 de noviembre
Las enfermedades han de doblar sus rodillas ante el dulce nombre de Jesús:
Y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que
Testimonio de fe
Desgaste en la espalda sin hallar alivio
Durante 20 años padecí de desgaste en la espalda, tal como lo mostraban las radiografías. Trabajé muchos años en las fábricas de Borregaard, donde tenía que realizar constantes esfuerzos pesados. Debido a este problema en mi espalda, me declararon incapacitado para trabajar en 1990. Cuando salía a caminar, sentía la necesidad de sentarme a descansar un momento cada cien metros. Recibí atención de médicos, fisioterapeutas y quiroprácticos, pero nada lograba aliviarme. Había escuchado hablar de ti, así que te llamé y recibí oración por mi dolencia de espalda. Pasó un mes y, de repente, un día descubrí con gran gozo que mi espalda había sido sanada. Ahora puedo caminar kilómetros y kilómetros sin sentir el más mínimo rastro de aquel viejo dolor. Ya han pasado cuatro o cinco años desde que Dios en su gracia me sanó.
Astigmatismo y estrabismo superados por la fe
Cuando nuestra hija tenía tres años, fue examinada por un médico que constató que tenía muy mala visión, además de estrabismo y astigmatismo. A simple vista se notaba que era estrábica. Durante un tiempo tuvo que llevar un parche sobre uno de sus ojitos y también comenzó a usar gafas. Al cumplir ella los 13 años, decidí escribirte una carta solicitando oración en el nombre del Señor por ella. Poco tiempo después, al regresar de la escuela, se quitó las gafas y las dejó a un lado. «¡Hija, tienes que usar tus gafas!», le dije. A lo que ella me respondió llena de alegría: «¿Para qué las quiero, mamá? Si ahora puedo ver perfectamente». Al mismo tiempo, dejó de necesitar el parche. Decidí llevarla a una cita con el oftalmólogo, quien la examinó detenidamente. El especialista no lograba comprender qué había sucedido. Nuestra hija tampoco entendía cómo se había obrado tal maravilla, hasta que le compartí que había enviado aquella carta pidiendo oración por ella; preferí decírselo después de que ya estuviera completamente sana. Hoy en día, su mirada es recta y no padece más de estrabismo. Su vista ha sido restaurada por completo. Han transcurrido ya siete años desde que ocurrió este hermoso milagro. Ahora ella tiene 20 años y goza de una excelente visión, gracias a la bendita ayuda de Dios.
