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La Biblia de los Milagros
16 de agosto
Jesús pone sus manos sobre todos los que están enfermos:
Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas enfermedades se los llevaban a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
Lucas 4:40
Testimonio de fe
El bulto en el pecho desapareció
A mi hermana le había salido un bulto en el pecho izquierdo. Los médicos del hospital de Tromsø la habían examinado mediante mamografía y ecografía. Diez años antes, había tenido cáncer en el pecho derecho, el cual tuvieron que extirparle quirúrgicamente. Pronto le iban a operar para quitarle el bulto del pecho izquierdo. Había un gran riesgo de que este también fuera un tumor canceroso. Mi hermana te llamó dos días antes de ingresar al hospital para someterse a la cirugía. Oraste por ella por teléfono. Dos días después, la examinaron en el hospital de Tromsø. ¡Los médicos se quedaron asombrados porque el bulto había desaparecido por completo! No podían creerlo. Se conmovieron profundamente al escuchar que Dios, a través de tu oración, había quitado el bulto.
Sanada de cáncer de mama
En abril de 2011, fui a hacerme un examen médico en el Hospital Ullevål. Allí los médicos me hicieron una ecografía y una resonancia magnética en el pecho izquierdo. Al pasar la mano por mi pecho, se sentía como una lámina ondulada de metal; estaba lleno de quistes cancerosos. No fue hasta agosto de 2011 cuando recibí la noticia del hospital: tenía cáncer de mama. Estaban muy preocupados porque yo tomara medidas legales, ya que se les había olvidado avisarme y, por lo tanto, no había recibido ningún tratamiento. Entré en pánico y te llamé para pedir oración. A partir de ahí, las cosas se aceleraron. Dos semanas después, me dieron una cita para comenzar el tratamiento en el Hospital Ullevål. ¡Cuando llegué al hospital, todo el cáncer había desaparecido! ¡La multitud de bultos se había esfumado por completo! No fue necesario extirpar el pecho. Les conté que te había llamado para pedir oración. Dos médicos de allí se mostraron irritados, porque según la ciencia esto no debería ser posible. Sin embargo, un profesor cristiano del hospital aceptó mi testimonio. Me miró y me dijo con total convicción en su voz: «Si Dios te ha sanado, entonces sé que estás sana y no necesitas volver aquí».
